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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

Espías

23/ago/10 07:39
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1.- Vuelvo a hacer referencia al libro de Chencho Arias y Eva Celada, ya citado aquí el sábado, "La trastienda de la diplomacia" (Plaza y Janés). Cuentan los autores que cuando se remodeló la embajada norteamericana en Moscú se encontraron micrófonos hasta en el pisapapeles del despacho del embajador, colocados por el KGB para espiarlo. Y esto me ha hecho recordar algo que viví muy intensamente. Cuando, hace unos años, vino de visita a Canarias el entonces ministro principal de Gibraltar, el laborista Joe Bossano, se puso en marcha un dispositivo especial del Cesid -hoy, Centro Nacional de Inteligencia, CNI-, para espiarlo. La jefa del operativo era una mujer muy elegante. Sólo voy a dar el nombre: María Dolores. Es muy conocida entre los espías españoles y tiene fama de competente y de valiente. Ignoro si sigue o no en activo. Uno de los anfitriones de Bossano fue el comerciante tinerfeño Pedro Duque García, tristemente fallecido, a la sazón cónsul de la República Federativa del Brasil en Tenerife. Pedro Duque defendió tanto y tan bien los intereses de este país en Canarias que sus autoridades le habían concedido hasta pasaporte brasileño, que él nunca utilizó.

2.- Pedro Duque, pues, recibió la visita de esta agente del Cesid en su despacho, para sacarle información. Yo entonces estaba muy ligado a él, incluso escribí la apasionante historia de su familia, en un libro que tuvo mucho éxito. Los Duque son una familia de comerciantes de primerísimo nivel, desde los tiempos del fundador, don Pedro Duque Déniz, al que sucedió su hijo, Pedro Duque García-Talavera; luego el hijo de éste, Pedro Duque García, mi gran amigo; y después su hijo y actual presidente de la empresa, Pedro Duque Úcar. Bueno, pues iba a lo del espionaje, que a veces me pierdo cual abuelo Cebolleta contando batallitas. El Cesid seguía siempre en un coche al de Bossano y había metido micrófonos en este vehículo. Las conversaciones eran recogidas por otro "de escolta" que circulaba detrás.

3.- Además, agentes del espionaje español ocuparon las habitaciones del hotel en el que se alojaba el político -creo que el Botánico-, contiguas a las de Bossano. No se les escapó ni una sola conversación del ministro principal gibraltareño. En ese entonces a España le interesaba mucho lo que ocurría en Gibraltar, porque existía cierta tensión con las autoridades del Peñón. Y con otras. No es de extrañar que, a kilómetros de distancia y en época de la UCD, en la embajada de España en La Habana se hubieran encontrado micrófonos hasta en las hamacas de la piscina. Todo normal.

achaves@radioranilla.com

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